¿Qué son las interpelaciones?

El llamado a sala o interpelación es un mecanismo de rendición de cuentas previsto por la Constitución de la República. El artículo 119 prevé la posibilidad de que cualquiera de las cámaras convoque a uno o varios ministros con el fin de realizarle preguntas sobre su gestión.

Para que ello ocurra se requiere el voto de al menos un tercio de los miembros de cualquiera de las cámaras, por lo cual puede afirmarse que este es un mecanismo que favorece el control horizontal entre los poderes de gobierno. En otras democracias presidenciales que prevén el llamado a sala, se suele exigir el voto de la mayoría de los miembros de la cámara (Chile por ejemplo).

¿Cómo se desarrolla una interpelación?

La mecánica de estos eventos es muy sencilla. Una vez votado el llamado a sala del ministro con los temas que se quiere analizar y designado el miembro interpelante, el presidente de la cámara coordina con el ministro la fecha de realización de la interpelación dentro de las dos semanas siguientes a la aprobación del evento.

El interpelante debe formular preguntas fundadas sobre el tema acordado y el o los ministros  deben responder. Ninguno de ellos tiene restricciones de tiempo para sus exposiciones (régimen de debate libre).

Posteriormente, el presidente de la cámara abre la discusión donde los miembros de la cámara cuentan con un máximo de quince minutos (en la Cámara de Representantes) o treinta minutos (en la Cámara de Senadores) para exponer sus ideas sobre las respuestas del ministro. Al cierre del debate, la cámara debe adoptar una resolución que exprese si las respuestas ofrecidas fueron o no satisfactorias.

Consecuencias de una interpelación

Hasta 1973, una resolución que declarase la insatisfacción parlamentaria por las respuestas vertidas por el ministro resultaba una señal muy fuerte de desautorización a la gestión del mismo. Por esa razón, los ministros solían renunciar a su cargo.

Sin embargo, cuando en 1985, el Parlamento votó una declaración de insatisfacción con el desempeño del entonces Ministro del Interior, Carlos Manini Ríos, se impuso una nueva interpretación del acontecimiento promovida por el Presidente Sanguinetti: si el Parlamento quería sacar al ministro, debería utilizar el mecanismo de la censura ministerial.

De esta forma, ninguno de los 27 ministros desautorizados desde 1985, renunciaron a sus cargos porque el Parlamento nunca votó favorablemente las (once) mociones de censura presentadas.

Acerca de la previsibilidad del resultado

Con la aparición de las coaliciones de gobierno en los años noventa y sobre todo con la importante disciplina que muestran los partidos desde la reforma constitucional de 1997, la probabilidad de que un ministro fuera desautorizado se volvió mínima. Esta tendencia se profundizó drásticamente cuando el Frente Amplio alcanzó el gobierno en 2005 con mayorías legislativas estables y fuertemente cohesionadas.

Esta es precisamente la razón por la cual las interpelaciones se han transformado en eventos previsibles. O sea, la oposición reúne los votos para traer al ministro a sala pero el partido mayoritario en la cámara anuncia que defenderá su gestión. Por tanto, de antemano se conoce cuál será el resultado porque es pública la posición que adoptarán los diferentes actores.

Sin embargo, aún bajo esos términos, los llamados a sala se continúan realizando. Pese a la previsibilidad del resultado, la interpelación suele ser concebida por los partidos políticos como eventos públicos de rendición de cuentas. La ciudadanía interesada puede apreciar cuáles son los puntos de vista que adopta el gobierno y la oposición sobre los temas en debate.

El Parlamento interpelando

Entre el 1° de marzo de 1985 y el 1° de octubre de 2016 se realizaron 130 interpelaciones. La frecuencia del uso de este instituto es de una interpelación cada 87 días, lo cual supone unas cuatro por año o algo más de veinte por período legislativo.

Los años con más interpelaciones fueron 2003 y 2012 con nueve interpelaciones cada uno. La administración Batlle (26) fue la más interpelada seguida por las de Mujica (25) y Vázquez (23). La menos interpelada fue la segunda administración de Sanguinetti (11).

Gráfico 1. Interpelaciones por año (1985-2016)

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El 53% de las interpelaciones se realizaron en la Cámara de Representantes, el 38% en el Senado y el 9% en la Comisión Permanente.

Gráfico 2. Organismos donde se realizaron las interpelaciones del período (1985-2016)

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Resultados de las interpelaciones

Algo más de la mitad de las interpelaciones (52%) culminaron con una declaración de la cámara que expresaba su satisfacción por las respuestas del ministro. Sólo una de cada cinco interpelaciones se resolvió con la votación de una moción de insatisfacción y una de cada cuatro expresó otro tipo de resultados.

La diferencia entre los períodos legislativos donde gobernó el Frente Amplio (2005-2016) y aquellos donde gobernaron presidentes colorados y blancos (1985-2005) es sustantiva. La mayoría legislativa controlada por el Frente Amplio entre 2005 y 2016, posibilitó que todas las interpelaciones culminaran con una declaración de satisfacción con el ministro.

Durante el período anterior a 2005, los resultados fueron más diversos, lo cual indica que el juego parlamentario era más abierto. Solo un 16% de las interpelaciones se resolvió con una declaración de satisfacción, en tanto un 36% expresó su insatisfacción con las respuestas del ministro. Un 41% de las interpelaciones se resolvieron con otro tipo de resultados que expresan posiciones intermedias entre los dos resultados posibles (satisfacción o insatisfacción).

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La tabla 2 ilustra sobre los diferentes tipos de resultados de las interpelaciones que no supusieron una declaración de satisfacción o insatisfacción. Obsérvese que las cámaras acudieron a diferentes estrategias para colocarse entre ambos resultados. En muchas ocasiones se presentaban varias mociones con planteos contrapuestos y ninguna de ellas obtenía una mayoría de votos (11). Otras veces, la cámara fijaba una hora de culminación de la sesión y el tiempo no alcanzaba para tomar una decisión final sobre el ministro (7).  También hay casos donde la cámara votó mociones donde se declaraba la intención de continuar con el orden del día, ignorando así el debate desarrollado durante horas (5). En tres ocasiones, se levantó la sesión por falta de quórum  y en dos, se ratificó la política seguida por el ministerio sin expresar la satisfacción por las respuestas del ministro. Finalmente, en tres ocasiones las interpelaciones culminaron con la votación negativa de una moción de censura presentada por el Frente Amplio.

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Destino de las interpelaciones

El ministerio más interpelado en estos treintaiún años de democracia ha sido el de Economía y Finanzas (26%), seguido por el de Relaciones Exteriores (11%), el del Interior (9%) y el de Defensa (8%).

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Desde 1985 a la fecha, Eduardo Bonomi ha sido el ministro más interpelado (7 veces) seguido por Ricardo Zerbino (6), Alberto Bensión, Danilo Astori e Ignacio de Posadas (los tres con 5).

El ministro llamado a sala con mayor frecuencia ha sido Alberto Bensión con una interpelación cada 175 días. Le sigue Enrique Braga, con una interpelación cada 178 días, e Ignacio de Posadas con una cada 223.

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Bonomi vs. Bensión o la importancia de las mayorías legislativas

Eduardo Bonomi es el político uruguayo que más tiempo ha permanecido al frente de un ministerio. Fue designado Ministro de Trabajo y Seguridad Social el 1° de marzo de 2005 y cesó en sus funciones el 12 de julio de 2009 con el fin de participar activamente en la campaña electoral de José Mujica, candidato presidencial de Frente Amplio. El 1° de marzo de 2010, Bonomi fue designado como Ministro del Interior y desde entonces permanece al frente de la cartera. Hasta el 1° de octubre de 2016, Bonomi totalizó un total de 4.012 días como ministro.

Como Ministro de Trabajo, Bonomi fue interpelado dos veces. En febrero de 2008, fue convocado a la Comisión Permanente por el diputado nacionalista Pablo Iturralde para analizar la política de relaciones laborales del gobierno en el sector público y privado. En junio del mismo año, fue convocado junto al ministro de Economía, Danilo Astori, por el diputado nacionalista Pablo Abdala, con el fin de brindar explicaciones sobre la aplicación del Impuesto a la Renta de las Personas Físicas (IRPF) a las pasividades, ante los fallos de inconstitucionalidad dictados por la Suprema Corte de Justicia.

Como Ministro del Interior, Bonomi fue convocado en julio de 2010, por el diputado nacionalista José Carlos Cardoso, para que brinde explicaciones por el incendio y el fallecimiento de reclusos en la Cárcel de Rocha. En marzo de 2011, el senador nacionalista Sergio Abreu, lo convocó a sala junto al ministro de Defensa, para que brinde explicaciones sobre las actuaciones del Poder Ejecutivo vinculadas con la carta y el documento enviados por el Poder Ejecutivo de fecha 24 de febrero de 2011 a los Presidentes de la Suprema Corte de Justicia, Directorio del Partido Nacional, Comité Ejecutivo del Partido Colorado, Partido Independiente y de la Mesa Política del Frente Amplio. En mayo de 2012, el diputado José Carlos Cardoso lo volvió a convocar para responder por la situación general del sistema carcelario. En enero de 2013, el diputado colorado Fernando Amado lo convocó a la Comisión Permanente con el fin de analizar la evolución de hechos delictivos constatados en el año anterior. En octubre del mismo año, fue convocado por el senador nacionalista Jorge Saravia para analizar las acciones del gobierno para asegurar la soberanía nacional y la protección de los ciudadanos tanto individual como colectivamente.

En las siete interpelaciones  -dos en la Comisión Permanente, dos en el Senado y tres en la Cámara de Representantes- Bonomi recibió el respaldo unánime de los legisladores de su partido. Pese a la escasa popularidad de Bonomi durante la mayor parte de su estadía en el gabinete, el Frente Amplio siempre lo sostuvo[1].

Además de esas siete interpelaciones, Bonomi fue convocado cinco veces a debatir en régimen de comisión general y en dos ocasiones se presentaron mociones de censura contra su gestión (2012 y 2013).

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Alberto Bensión representa la situación opuesta a Bonomi. Fue designado Ministro de Economía y Finanzas el 1° de marzo de 2000 y cesado el 30 de octubre de 2002. Permaneció en el cargo durante 875 días, lapso en el cual debió enfrentar 5 interpelaciones. Esto es, una interpelación casi seis meses (175 días).

La primera convocatoria se produjo en diciembre de 2000, cuando el senador del Frente Amplio, Reinaldo Gargano, convocó a Bensión junto al Ministro de Ganadería, Gonzalo González, con el fin de evaluar la política agropecuaria del gobierno de Jorge Batlle. La segunda interpelación se llevó a cabo en marzo de 2001 a instancias del senador del Frente Amplio, Danilo Astori, con el objetivo de analizar el aumento de los precios de los combustibles. La tercera se produjo en diciembre del mismo año y fue impulsada por el entonces diputado del Frente Amplio, Ernesto Agazzi, para analizar la situación económica de la ciudad de Bella Unión. La cuarta fue impulsada en junio de 2002 por el diputado del Frente Amplio, Roque Arregui, para analizar los contratos de arrendamiento de obras en la ANEP. En esa oportunidad también fue interpelado el Ministro de Educación y Cultura, Antonio Mercader. El quinto y último llamado a sala se desarrolló un mes más tarde y es tal vez, la interpelación más recordada de las cinco. El senador del Frente Amplio, Alberto Couriel, fue el interpelante y la larga sesión culminó con la presentación de una moción de censura del Frente Amplio que no fue votada por la cámara.

Las cinco interpelaciones a Bensión terminaron con resultados bien distintos a los que naturalmente deben esperarse en un llamado a sala. En otras palabras, las cámaras no declararon su insatisfacción con las respuestas del Ministro de Economía pero tampoco su satisfacción. En ese tipo de dilucidaciones fue decisiva la actitud del Partido Nacional, socio de la coalición del Presidente Batlle.

En la primera interpelación referida a la política agropecuaria, colorados y nacionalistas acordaron votar una resolución que encomendaba a la cámara a continuar con el orden del día sin hacer mención al llamado a sala (16 senadores en 29). En la segunda, fueron presentadas dos mociones que declaraban la insatisfacción, una del Partido Nacional y otra del Frente Amplio, pero ninguna contó con el apoyo mayoritario del pleno. La tercera interpelación en torno a Bella Unión, se resolvió con una moción votada por colorados y nacionalistas que ratificaba la acción del gobierno pero que no mencionaba las respuestas de Bensión. La cuarta interpelación en torno a ANEP, concluyó sin que la cámara tomara una decisión. La quinta interpelación terminó con el rechazo de colorados y nacionalistas a la moción de censura presentada por el Frente Amplio, la cual fue votada en forma nominal por los senadores.

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Por tanto, a diferencia del Frente Amplio que sostuvo en forma disciplinada a Bonomi, la coalición de Batlle no consiguió la suficiente cohesión como para sostener explícitamente a Bensión. Por ello, los socios de gobierno se vieron obligados a buscar en el Parlamento formas originales para no desautorizar al ministro y otorgar a los interpelantes del Frente Amplio un triunfo sobre el gobierno de coalición[2].

Octubre de 2016

 

 


Notas

[1] Según un estudio del “Monitor de Opinión Pública” de Equipos Mori, en 2012, Bonomi era el ministro peor evaluado del gobierno de Mujica. Contaba con sólo 16 puntos de simpatía y 53 de antipatía. En a su desempeño, el 44% consideraba que era malo o muy malo y sólo un 25% que era bueno o muy bueno. Ver: http://www.montevideo.com.uy/contenido/Ranking-de-popularidad-de-ministros-212075?plantilla=1149.  Otro estudio de la empresa Factum de mayo de 2016, mostraba que Bonomi era uno de los tres ministros peor evaluados del gobierno de Tabaré Vázquez.  Ver: http://www.factum.uy/analisis/2016/ana160520.php

[2] Al respecto, vale recordar que cuando en octubre de 2002, el Partido Nacional decidió quitarle el apoyo a Bensión, el Presidente Batlle se vio obligado a reemplazarlo sin necesidad de interpelación alguna.